Mi hijo no quiere ir al colegio: qué mirar antes de retarlo
Cuando tu hijo o hija te dice "no quiero ir al colegio" a la mañana, con el reloj corriendo, es muy difícil no reaccionar.
Dale, apurate. Tenés que ir. No empieces otra vez.
Y ojo: no es porque seas mala mamá o mal papá. Es porque estamos cansados, preocupados, llegamos tarde, y se activa ese piloto automático que todos tenemos.
Pero atrás de esa frase suele haber otra cosa: todavía no sabe cómo contarte qué le pasa ahí adentro.
No siempre significa que haya algo grave. Puede ser una pelea, vergüenza, una materia que le cuesta, sentirse solo o sola, miedo a equivocarse. Y a veces sí es una señal para mirar con más cuidado.
Antes de retarlo, frená un segundo
Imaginá que el colegio es una puerta. Desde afuera, que no quiera cruzarla parece capricho. Del otro lado puede haber una mochila que le pesa demasiado.
Esto no significa dejarlo faltar cada vez que no tiene ganas. La conducta hay que ordenarla igual. Pero la emoción se puede escuchar mientras tanto.
Podés decirle algo así:
"Sé que hoy no querés ir. Igual vamos a tener que encontrar la manera de atravesar esto. Pero primero quiero entender qué te está costando."
Fijate lo que pasa ahí. No sacás el límite. Sacás el tribunal.
Qué mirar cuando no quiere ir al colegio
No hace falta interrogarlo. Mirá las señales que se repiten:
- si el rechazo aparece solo ciertos días o con alguna materia;
- si cambió el sueño, el humor o el apetito, o empezó a aislarse;
- si evita compañeros y actividades, o menciona burlas;
- si aparece dolor físico recurrente antes de salir;
- si hace tiempo que se siente perdido, exigido o solo.
Y preguntá de costado, en un momento de calma. Las reglas se ponen bajo el sol, no bajo la tormenta. Las conversaciones importantes, también.
En vez de "¿por qué no querés ir?", que casi siempre recibe un "no sé", probá con:
"¿Qué parte del día se te hace más pesada?"
"¿Hay alguien o algo que te haga sentir incómodo?"
"Si yo pudiera cambiar una cosa de tu mañana, ¿cuál sería?"
Sostener el límite sin dejarlo solo
Poner un límite firme no es decirle "hacé lo que quieras", ni arrastrarlo hasta la puerta sin haber escuchado nada. Es poder decirle:
"No voy a hacer esto por vos, pero no tenés que hacerlo solo."
A veces habrá que hablar con la escuela. Otras veces alcanza con ordenar horarios, sueño o pantallas. Y en algunos casos conviene consultar con un profesional para entender mejor qué está pasando. Pedir ayuda a tiempo es cuidar.
Tu hijo no necesita que adivines todo. Le alcanza con saber que, cuando algo se le hace demasiado pesado, puede volver a vos sin que lo primero que encuentre sea un reto.
Porque el colegio se atraviesa mejor cuando en casa hay refugio y no tribunal.
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Este artículo ofrece orientación general y no reemplaza una evaluación profesional. Si aparecen señales intensas o persistentes de sufrimiento, consultá con la escuela y con un profesional de salud mental infantojuvenil.
Soy Patricio Dessein, de Carta Padres. Acompaño a mamás y papás a reconstruir el vínculo con sus hijos.
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