← Patricio Dessein · Carta Padres

Se desarma cuando se equivoca en la escuela: cómo acompañarlo

«Está mal. La hago de nuevo». Tu hija borra la misma letra hasta romper la hoja. Le decís «pero si te salió bien» y, en vez de calmarse, se angustia más. Ahora vos tampoco sabés si insistir, ayudarla o dejar la tarea para mañana.

Que quiera hacer las cosas bien no es un problema en sí. La pregunta aparece cuando un error pequeño le impide terminar, jugar, dormir o animarse a intentar. Y no significa automáticamente que vos le hayas exigido demasiado. A veces, tratando de levantarle el ánimo, hacemos algo que no le sirve en ese momento.

Primero mirá lo que le pasó con el error

«No pasa nada» sale con cariño. Pero para tu hijo o hija sí está pasando algo: la hoja se volvió una prueba de si vale o no vale, aunque no pueda decirlo así. Podés empezar con algo más cercano:

«Veo que te dio mucha bronca esa letra. ¿Lo que te cuesta es cómo salió, o te preocupa que alguien la vea?»

La respuesta cambia la conversación. Tal vez le preocupa la corrección de la maestra. Tal vez compara su trabajo con el de un compañero. Tal vez está cansado y la última tarea del día pesa el doble. También puede ser simplemente una frustración pasajera. Escuchá antes de elegir una explicación.

Me gusta pensar en el padre jardinero: acompañar el crecimiento sin tirar de la planta para apurarla. Acá se parece a quedarse al lado mientras tu hijo prueba otra vez, sin hacerle la letra vos ni convertir cada intento en un examen.

Ayudalo a terminar una parte posible

Si borra y borra, no hace falta discutir durante media hora si la letra está «perfecta». Podés proponer una pausa breve y una meta más pequeña: hacer una línea, elegir una respuesta, entregar una versión que muestre lo que entendió. Que practique tolerar una imperfección pequeña, con vos cerca, vale más que terminar una hoja impecable después de una pelea.

Una frase útil puede ser:

«Esta parte te costó. Hagamos una que puedas entregar hoy. Mañana vemos qué querés mejorar».

Fijate también cómo elogiás. Si cada «qué genio sos» se vive como una obligación de acertar siempre, probá nombrar el proceso que viste: «Volviste a probar aunque te daba bronca». No tenés que prohibirte los elogios; podés hacerlos más precisos y menos pesados.

Hablá con la escuela si se vuelve un patrón

Si esto ocurre seguido, pedí una conversación concreta: qué tareas lo traban, qué hace cuando se equivoca delante de otros y qué apoyo le permite seguir. No busques que alguien declare si «es perfeccionista». Buscá condiciones que le devuelvan ganas de aprender.

Una guía de Cleveland Clinic incluye el miedo a equivocarse entre posibles señales de estrés escolar. Eso no convierte una letra torcida en un diagnóstico. Importan la persistencia y cuánto interfiere con su vida cotidiana. Si el temor aparece en la escuela y en casa, compartir lo que cada adulto observa puede ayudar a entender qué le pesa.

Quizá hoy la tarea no salga como esperaba. Si puede volver mañana a intentarlo sin sentir que el vínculo depende del resultado, ya hay algo valioso creciendo.

Este artículo ofrece orientación general. Si el miedo a equivocarse impide repetidamente terminar tareas, jugar, dormir o asistir a la escuela, o causa angustia intensa, consultá con la escuela y un profesional de salud infantil. Una escena aislada no permite diagnosticar.

Soy Patricio Dessein, de Carta Padres. Acompaño a mamás y papás a reconstruir el vínculo con sus hijos.

Si querés ver dónde estás parado hoy con tu hijo o tu hija, hacé el test de autoevaluación. Son unos minutos y te va a ordenar bastante.

Hacer el test

← Todos los artículos